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Day 43 - The Rolling Boulder and the Painted Labyrinth

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Day 43 - The Rolling Boulder and the Painted Labyrinth

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Kairi tuvo su propio enfrentamiento con un minotauro. Salió de la pelea hecha polvo, pero consiguió acabar con él. Tras un paso arriesgado, logró salir de allí, aunque la impresión la dejó desmayada. Karlach la estabilizó.

Karlach e Indirak ya habían salido antes que Kairi, aunque después que Maedre, escalando y saltando al otro lado del techo brumoso para salir. También se hicieron daño en el intento.

Con Karlach en el suelo, Maedre salió corriendo gritando el nombre de Indirak, pasando literalmente por encima de él y pisando con saña — porque, como diría Maedre, nuestros dioses interiores nos odian. Antes de caer en la piscina de ácido, Indirak le gritó que parase, y Maedre frenó en seco (siendo humano, no veía en la oscuridad y no había notado el peligro).

Karlach atravesó a Maedre de un salto y clavó el hacha en un esqueleto, pulverizándolo — su cabeza, con forma de hexágono, rodó por el suelo. El grupo se acercó al sarcófago del centro de la sala, que solo cambiaba de color: rojo, azul, verde, morado, negro, dorado, un destello, y de vuelta al rojo.

El pasillo tras el trono de carne descendía por una escalera hacia un corredor con más zombis pintando en las paredes. Indirak saltó y esquivó antes de bajar los peldaños, con Karlach detrás. Al fondo, un cofre pequeño aguardaba, cerrado. Indirak probó a forzarlo con sus poderosos dedos de orco, pero no hubo manera. Karlach le puso una mano en el hombro: “Aparta, pequeñín.” Y de un hachazo, rompió la cerradura.

Kairi sugirió que cogieran el cofre de una vez. En el instante en que lo levantaron, desde lo alto de la escalera cayó del techo una roca gigante de caliza que empezó a rodar hacia Karlach e Indirak.

Indirak volvió sobre sus pasos y se asomó a una barandilla gritando que necesitaba ayuda ahí dentro — y entonces vio el percal de la lucha. Los monstruos iban tras Kairi y Maedre. Maedre encajó varias buenas cornadas de minotauro, cayendo a 26 de 62 puntos de vida, y respondió lanzando un mirror image, sacando tres copias de sí mismo mientras rezaba para que no le volviesen a arrear.

Kairi lanzó un rayo abrasador contra tres criaturas — una de ellas peligrosamente cerca de Karlach — pero el conjuro erró y acabó impactando en el sarcófago, que cambió de color a rojo. Uno de los bichos se estrelló contra la barandilla y quedó atontado; Kairi y Maedre, por la sacudida, terminaron sentados de culo por las vibraciones.

Karlach acabó con dos criaturas más de forma furiosa y violenta — pura rabia de bárbaro. Kairi las abrasó, e Indirak, tras soltar una flecha, se lanzó contra otra a puñetazo limpio, cosiéndola a golpes hasta destrozar a dos de ellas. GUAU. A puñetazos. El sarcófago siguió cambiando de color: rojo, negro, azul, dorado, morado, verde.

Indirak alcanzó un pasillo con un segundo sarcófago y antorchas encendidas; en el techo, una bruma reflejaba la parte alta de las escaleras. Este sarcófago tenía un hueco con forma de llave. Karlach exploró la celda de una de las criaturas caídas y encontró un pasadizo hasta una sala con un cacharro que parecía una máquina inútil. Sin más interés, dio media vuelta y salió.

Indirak subió unas escaleras hasta una especie de mosaico que representaba un laberinto, y lo tocó. ¡PUF! Fue arrastrado a otra dimensión. De inmediato, puertas secretas se abrieron en las paredes de alrededor y surgió un ejército de minotauros esqueléticos — diez, de los cojones.

Kairi lanzó un conjuro para espantar muertos, incapacitando a la mitad de golpe. Maedre intentó un conjuro de viento, pero recibió a cambio un chispazo psíquico; entre el dolor, decidió cantar una balada heavy al estilo Iron Maiden, repartiendo puntos de golpe temporales e inspirando a sus compañeros. Karlach quedó rodeado por los bichos, pero los aplastó con un golpe crítico que mandó huesitos volando por los aires.

Karlach, sin soltar el cofre, intentó saltar por encima de la roca que aún rodaba hacia ellos. El cofre se le cayó en los pies y no consiguió el salto — Karlach quedó aplastado como una pegatina contra el suelo.

Indirak, que había salido corriendo antes del salto fallido de Karlach, huía de la bola cuando llegó a una sala con la entrada custodiada por una piscina de ácido, frente a un mural con otro laberinto pintado. Consiguió saltarla y esquivarla en el último momento, entrando en la sala. Dentro esperaba otro sarcófago cambiante y un cubo de cristal con ácido en su interior.

Kairi estuvo a punto de caer al ácido sin querer, pero con muchas ganas de vivir, se agarró al borde a tiempo.

Tocar el mural te metía dentro del laberinto de la pintura. El propio dibujo cambiaba de forma constantemente. Maedre intentó tomar nota de los cambios de patrón — “ahora veo la Matrix” — pero no encontró manera de anotarlo; seis salas siempre mantenían las entradas abiertas.

En la sala principal, un reloj de pie en forma de lechuza-oso escondía un péndulo con una piedra. Marcaba las 23:30 según la partida, pero sus manecillas ocultas señalaban las 00:03. Una caja invisible lo recubría. Kairi la abrió con la llave invisible recuperada del cofre — el mismo que la roca gigante había aplastado antes de entrar en la sala principal — y dentro encontró una piedra preciosa.

Maedre convenció a Indirak de que podían resolver el laberinto ellos dos solos, “las mentes” del grupo. Alargaron los dedos y tocaron a la vez el mismo punto del mural, intentando teletransportarse juntos. No funcionó: aparecieron separados. Se llamaron a gritos sin oírse; algunos caminos del laberinto se abrían mientras otros se cerraban.

Indirak se topó de bruces con el minotauro — esta vez de carne y hueso — y lo bajó a puñetazos. La bestia trató de responder con hachazos, pero Indirak lo remató con un golpe directo a la cara. Desde fuera, Karlach y Kairi se asomaron al mosaico y pudieron ver a Maedre e Indirak dentro; estos últimos, a su vez, veían sombras de algo moviéndose en el techo. Karlach y Kairi intentaron atarse las manos para entrar juntos — pero, de nuevo, un chasquido y aparecieron separados.

La llave azul y el Sortilegio del Corazón

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“En la parte menos interesante”, pensó Maedre, encontró una llave de color azul — el laberinto le había llevado hasta una sala central donde esperaba. Al tocarla, el laberinto lo expulsó de vuelta, frente al sarcófago de la sala principal. Dentro del laberinto, todos habían estado separados en todo momento.

Maedre sintió algo raspándole la piel: un tatuaje apareció en su cuerpo — el Sortilegio del Corazón había sido concedido. Notó la magia invadiéndole por completo. Cuando el sarcófago se puso azul, introdujo la llave: la tapa desapareció, revelando el interior lleno de sal y una túnica hermosa asociada a un dios nuevo. Al tocarla, estalló un conflicto entre los dos dioses que ahora habitan en Maedre.

  • Trampa de la roca rodante: Activada al levantar el cofre pequeño del corredor. Aplastó a Karlach en su intento de salto fallido.
  • Emboscada de minotauros (primera oleada): Atacaron a Kairi y Maedre. Maedre bajó a 26/62 de vida y respondió con mirror image.
  • Diez esqueletos de minotauro: Invocados al tocar Indirak el mosaico del laberinto. La mitad quedaron incapacitados por el conjuro de Kairi; Karlach los aplastó con un crítico.
  • Minotauro de carne y hueso (dentro del laberinto): Indirak lo derrotó a puñetazo limpio.
  • Minotauro (combate de Kairi): Kairi acabó con él, pero salió desmayada de la experiencia.
Personaje Momento destacado
Indirak Rompió el cofre a la fuerza (fallido) hasta que Karlach lo abrió a hachazos, tocó el mosaico y fue arrastrado a otra dimensión, esquivó la piscina de ácido de un salto, derrotó al minotauro de carne y hueso a puñetazos
Karlach Rompió la cerradura del cofre, acabó con varias criaturas con furia de bárbaro, quedó aplastado por la roca rodante al fallar un salto, pulverizó a un esqueleto con un hachazo
Kairi Lanzó rayo abrasador (erró contra el sarcófago), expulsó muertos incapacitando a la mitad de la horda de esqueletos, casi cae al ácido pero se salvó, abrió la caja invisible del reloj-lechuza, derrotó a un minotauro y quedó desmayada
Maedre Encajó fuertes cornadas (26/62 HP), lanzó mirror image, sufrió un chispazo psíquico al fallar un conjuro de viento, cantó una balada heavy para inspirar al grupo, convenció a Indirak de resolver el laberinto solos, encontró la llave azul y recibió el Sortilegio del Corazón
  • Cofre pequeño con llave invisible (recuperado tras ser aplastado por la roca gigante)
  • Piedra preciosa (hallada en la caja invisible del reloj-lechuza)
  • Llave azul del sarcófago
  • Túnica del sarcófago azul, asociada a un dios nuevo
  • Sortilegio del Corazón (Maedre): durante 10 días desde el Día 43 — inmunidad a daño perforante y cortante de ataques no mágicos, con vulnerabilidad a daño contundente
  • El conflicto entre los dos dioses en Maedre — Obolaká contra el dios nuevo del Sortilegio del Corazón. Nota del DM: cambiar de dios, quitar el bonus del anterior.
  • La máquina inútil de la celda — Karlach no le dio importancia, pero ¿qué era realmente?
  • El patrón del laberinto pintado — Maedre no logró descifrar su lógica cambiante. ¿Es descifrable o es puro azar?
  • El reloj-lechuza desincronizado — marcaba 23:30 en la partida pero 00:03 en sus manecillas ocultas. ¿Qué significa el desfase?
  • La sala de la máquina — sin explorar más allá de un vistazo.

El cofre-trampa-roca-gigante fue un momento clásico de Indiana Jones, y Karlach quedando “pegatina” contra el suelo fue el chiste de la sesión. Nota de mesa (fuera de juego): psicología inversa de laberintos — Maedre se creyó muy listo sin plantearse que el paso por el laberinto podía ser tan aleatorio como tirar un dado. Recordatorio pendiente: cambiar de dios y quitar el bonus del anterior en la ficha de Maedre.